Otro día normal - Leiwithmis

14 de diciembre de 2018

Otro día normal

La mañana era gris, como muchas otras de las mañanas en que el invierno impera sobre Manhattan, apabilándolo todo y sumiéndolo en una pesadumbre inusual. Y como cada mañana, gris o soleada, Walter despertó en su cama sabiendo que ya era tarde.
            Tardó solo unos minutos en arreglarse y unos cuantos más en beber su taza de café —lo único que tocaría su estómago hasta la hora del almuerzo— y en servir la comida a su gato. Aunque no le apetecía para nada, salió de casa y se dirigió, cabizbajo, a la calle 207 para tomar el metro. Casi no pensó en sus adelfas, muertas por la helada noche, que hacía semanas se había propuesto tirar a la basura.
            Hastiado, como siempre, de la rutina, se metió en el metro repleto de gente que gravitaba en torno a su propia rutina.
            Salió apresuradamente del metro en cuanto hubo llegado a su destino y se dirigió al interior del Lincoln Center, donde trabajaban su connotada hermana y su esposo.
            —¡Hey, Wal! Llegas un poco tarde, amigo.
—N-no me lla-llames “a-amigo”, Jeff —respondió Walter irritado— ¿d-dónde está Wan-Wanda?
—En una junta con el jefe. Si quieres esperar por ella, no creo que se demore mucho más.
Esa era una cosa —una de las tantas— que odiaba Walter de su hermana. No solo tenía el descaro de tener un trabajo increíblemente mejor que el suyo con un sueldo mucho más alto, un jefe verdaderamente augusto y benevolente, y un esposo que le agradara a sus padres —él ni siquiera se había casado aún—, sino que además se daba el lujo de restregárselo en cara cada semana, cuando le pedía que fuera a buscarla por la mañana, justo a la hora en que Walter debía estar entrando a trabajar, y luego lo hacía esperar durante varios minutos junto a Jeff, quien se encargaba de ponerlo al tanto de todo lo anteriormente dicho con un lujo de detalle que haría envidiar a cualquier artista del puntillismo.
Por supuesto que Walter envidiaba a su hermana; ella tenía todo lo que él, un empleaducho mediocre y taciturno, no había podido obtener.
No la esperó demasiado tiempo, en realidad, apenas podría decirse que la esperó, pues no habían pasado veinte minutos de su llegada cuando se retiró sin haber visto a Wanda.
Salió a la calle encabritado y se dirigió casi corriendo —pero sin llegar a hacerlo— con dirección a la calle 64, deseando no encontrarse con su atrabiliaria jefa al ingresar al edificio. Sin embargo no se encontró con ella al entrar. De hecho, no se encontró con nadie y, atónito, comprobó que todo el edificio estaba vacío. Todo excepto, por supuesto, el despacho de aquella lunática del trabajo que tenía por superior. Cautelosamente se acercó a la puerta, de la que salía un olor putrefacto que le producía arcadas y que casi lo obligó a vomitar cuando finalmente se decidió a abrir.
Sentada, detrás de su escritorio, se encontraba la licenciada Margot Olsen, a la que durante años había odiado —tanto o más que a Wanda—, balbuceando cosas que él no logró descifrar y con alguna especie de brebaje pestilente en su mano izquierda.
—M-maldita br-bruja. ¡En-enloqueció!
Exclamó Walter, perplejo, apenas unos momentos antes de que ella se lanzara, enfurecida y gruñendo, por encima del escritorio.
—¡Qué dijiste, perro estúpido! ¡Qué carajos acabas de decir!
Ladró Margot mientras, en un arranque de ira antinatural, se echó encima de Walter, quien apenas y logró empujar la puerta con nerviosismo antes de echarse a correr hacia el exterior del edificio 32 y no paró de correr hasta llegar a Central Park. Su mente solo podía gravitar en torno al pensamiento “Otro día normal”.
¡Hola, gentes lindas, gentes preciosas!

Yo sé que llevaba ya algún tiempo prometiéndoles que subiría mis ejercicios del taller de escritura y no los había subido, pero aquí tienen, al fin, uno de ellos. En esta ocasión el reto era crear un relato ficticio ambientado en Nueva York, en la década de los 2000, con dos hombres (Walter y Jeff), una mujer (Margot), un personaje secundario (Wanda), y una mascota (el gato), y en el que usáramos las palabras: Repleto (o Atestado, o Atiborrado), Cabizbajo, Brebaje, Benevolencia, Atrabiliario, Augusto, Balbucer (o Titubear), Connotado, Arcadas,  Encabritar, Imperar, Adelfa, Gravitar, Hastiar, Taciturno, Perplejo, Atónito y Apabilado.

Sinceramente no sé qué tal haya salido, o si al menos usé todo lo que debía, pero el intento hice y espero les guste :3 ♡.

3 comentarios:

  1. ¡Hola!

    Pues me ha gustado mucho este relato ^^. No sabía que estuvieses en un taller de escritura, pero que sepas que se te da genial y que estoy deseando leer otra cosa escrita por ti😊.

    ¡Besos y nos leemos!

    Marieta ~ Relatos de una náufraga

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    1. Sí! De vez en cuando vamos y nos ponen algunos ejercicios :3

      ¡Muchas gracias! Se siente hermoso saber que les gustan estos escritos cuchupetos míos xD

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